Cómo escribir un artículo de blog para tu negocio de servicios cuando no te dedicas a la redacción

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Abres un documento en blanco, tal vez con una idea sobre lo que quieres escribir, pero al cabo de veinte minutos solo has escrito tres frases y dos las has borrado. Repasas mentalmente lo que has leído sobre cómo escribir un artículo de blog, intentas aplicar algo y sigues con el documento medio vacío y la sensación de que esto te va a llevar el día entero.

Para escribir un artículo de blog cuando vendes servicios y no escribes a diario, necesitas un método pensado para tu situación. La mayoría de guías que circulan están hechas para periodistas, copywriters profesionales o equipos de marketing. Pero cuando intentas seguirlas, no funcionan.

Y no es culpa tuya.

Esas guías asumen que la persona que escribe lo hace todos los días, que tiene horas seguidas para sentarse y que la redacción es su oficio principal. Para alguien que vende servicios, esos consejos chocan con su realidad. Cada artículo se convierte en un proyecto interminable, con un texto que no acaba de gustarte y, en muchos casos, con un blog abandonado poco tiempo después de empezar.

Tus artículos necesitan cumplir una función muy concreta dentro de tu negocio. Me refiero a explicar algo que tu cliente necesita entender antes de contratarte, ordenar tu mensaje y alimentar el resto de tu contenido. Para conseguirlo, necesitas un proceso que te lleve de la idea al artículo publicado sin que cada texto se convierta en un proyecto interminable.

Lo que viene a continuación es ese proceso, el que implica qué decidir antes de redactar, en qué momentos sentarte a escribir es perder el tiempo y un método de cuatro pasos, con la IA como apoyo si quieres, para llegar del documento en blanco al artículo publicado.

Aunque parezca mucho trabajo, los artículos de tu blog merecen la pena, porque, además de ayudarte a posicionarte en buscadores y a ganar reconocimiento profesional, también funcionan como contenido madre del que puedes sacar después otras piezas más cortas para diferentes canales.

 ¿Sientes que cada vez que te sientas a escribir un artículo de blog se te va el día entero y al final no terminas de publicarlo? Pasar horas delante del documento sin avanzar es una de las trampas más comunes cuando vendes servicios y la escritura no es tu oficio. Si quieres salir de ahí, escríbeme y vemos en qué punto estás y qué necesitas para dar el siguiente paso.

Antes de escribir el artículo, decide qué función va a cumplir en tu negocio

Antes de sentarte a escribir en tu blog necesitas decidir para qué sirve este artículo en particular dentro de tu negocio. Un artículo no nace de «tengo una idea», sino de tu estrategia de contenidos, concretamente del territorio temático en el que has decidido construir autoridad. Por lo tanto, tienes que tomar esa decisión antes de redactar, para que tu texto trabaje a favor del territorio que ya estás construyendo.

Saber a quién te diriges, qué idea de contenido vas a desarrollar dentro de los pilares que tienes establecidos y para qué publicas, te ayuda a decidir qué incluir y qué dejar fuera.  Cuando esto no está claro, cualquier idea que se te ocurra mientras redactas te parece imprescindible.

Un artículo de blog para servicios atrae a quien encaja contigo y filtra a quien no

Un artículo de blog funciona también como filtro. Atrae a personas que se reconocen en el problema que abordas y aleja a quienes buscaban otra cosa. Eso ahorra conversaciones de venta con personas que nunca iban a contratarte, simplemente porque no encajan con lo que ofreces o porque buscan algo distinto a lo que tú trabajas.

Pongamos el caso de una psicóloga que escribe sobre los errores más habituales al elegir terapia. Las personas que han pasado por esos errores se sienten identificadas y entienden que esa persona habla su idioma. Alguien que busca una solución rápida para dejar de sentirse mal suele cerrar la pestaña a los dos párrafos. Quedarte con quien encaja y perder a quien no es exactamente lo que necesitas.

Pero para que el filtro funcione, el artículo necesita una opinión definida. Cuando un texto es tan general que podría firmarlo cualquier profesional del sector, ni atrae ni filtra. Sin ese ángulo personal, tu artículo no aporta nada nuevo y, por lo tanto, tampoco destaca.

La pregunta que evita escribir contenido huérfano

Antes de escribir, responde a esta pregunta: ¿qué necesita entender mi cliente para estar preparado para contratarme? Si la respuesta es difusa, el artículo también lo será. Si la respuesta está definida, tienes una buena parte del trabajo hecho antes de redactar.

Esa pregunta separa lo que tú quieres contar de lo que tu cliente necesita entender. Las dos cosas pueden coincidir, pero no siempre. Cuando vendes servicios, escribir sobre lo que a ti te interesa profesionalmente puede dar artículos que tú disfrutas, pero que no acercan a nadie a contratarte. Si lo que quieres es atraer clientes, es mucho mejor idea escribir sobre lo que estos necesitan entender antes de contratarte. Esos artículos sí mueven a alguien hacia tu servicio.

Esa pregunta también te ayuda con la llamada a la acción del artículo, lo que en marketing se llama CTA (call to action), que es la invitación que cierra el texto y propone el siguiente paso al lector. Si tu contenido responde a una duda que aparece justo antes de la decisión de compra, ese siguiente paso lleva de forma natural a una conversación contigo, sin necesidad de forzar el cierre.

Cuándo no merece la pena sentarte a escribir un artículo en tu blog

Hay momentos en los que sentarte a redactar es perder el tiempo, aunque tengas la idea, las ganas y unas horas disponibles. Si todavía no sabes a quién le escribes, qué necesita entender o qué quieres que pase después de que te lea, lo más probable es que pases varias horas delante del documento sin avanzar. Lo que falla tiene que ver con la decisión que tienes que tomar antes de redactar.

Si la pregunta «para quién escribo esto» no tiene respuesta cerrada, el artículo se va a quedar en algo general. Cualquiera podría firmar lo que escribes, y un artículo general no atrae a nadie en particular, probablemente, ni siquiera a tu cliente ideal.

Tener un perfil definido al otro lado del texto cambia el enfoque y los ejemplos que eliges. No es lo mismo escribir para alguien que arranca su primer servicio que para alguien que lleva diez años facturando y quiere reposicionarse.

Pasa algo parecido cuando lo que tienes en la cabeza es un tema demasiado amplio. Por ejemplo, si un coach ejecutivo se sienta a escribir con la idea de «voy a hablar de liderazgo», aún no tiene artículo. Tiene un territorio temático que da para meses de contenido. La idea de contenido concreta sería algo como «cómo dar feedback a un colaborador que lleva años en la empresa sin que se lo tome a mal».

Cuando intentas escribirlo todo en uno, sale un texto largo, plano y sin punto de entrada para el lector. En otras palabras, si todavía no has aterrizado tu tema en una idea concreta, no hay artículo.

Otro caso en el que tampoco merece la pena escribir un artículo es cuando no sabes qué quieres que cambie en quien lo lea. Un artículo útil deja a la persona en un sitio distinto del que estaba al empezar. Puede ser una idea nueva, una pista para decidir, una duda resuelta o un siguiente paso evidente.

Si tú no tienes una respuesta a «qué cambia para quien lo lee», el cierre va a sonar a recapitulación, porque no tienes claro adónde quieres llevar al lector.

Si en alguna de estas tres situaciones falta una respuesta clara, es mejor no escribir nada. La solución no está en sentarse a redactar, sino en volver a la fase anterior y resolverlo.

Una forma rápida de comprobar si tienes esas decisiones tomadas es responder en voz alta a tres preguntas:

  • A quién le hablas.
  • Qué pregunta concreta vas a resolver.
  • Qué quieres que esa persona piense, sienta o decida al terminar.

Si respondes a las tres con facilidad, abre el documento y empieza a redactar. Si te trabas en alguna, ya sabes lo que toca resolver antes de empezar.

El método de cuatro pasos para escribir un artículo de blog cuando no escribes a diario

Escribir un artículo de blog sin que se convierta en un proyecto eterno depende más del método que del talento para escribir. Cuando intentas pensar a quién le hablas, ordenar el contenido, redactar y pulir todo a la vez, el bloqueo es casi seguro.

El método que te propongo a continuación separa esas cuatro tareas para que cada una tenga su sitio, con la inteligencia artificial integrada como apoyo (si quieres).

Paso 1: Haz una investigación previa enfocada a tu cliente ideal

Sin investigación previa, lo más probable es que escribas una versión más del mismo artículo que ya circula. La investigación implica entender qué busca tu cliente ideal, qué se está cubriendo bien en los resultados existentes y qué se está quedando fuera.

La misma keyword puede esconder intenciones de búsqueda distintas según quién la busque. Cuando alguien escribe «cómo escribir un artículo de blog», como es el caso del artículo que estás leyendo, puede tratarse de una persona que arranca un blog personal, de un community manager que quiere optimizar su proceso o de quien vende servicios y publica para su negocio. Las tres encuentran el mismo titular en Google, pero cada una necesita un artículo distinto.

En mi caso, como lo que publico aquí es un artículo dirigido a profesionales que venden servicios, me centro en las necesidades que tienen estas personas, no en dar consejos generales. A la idea a la que quiero llegar es que tienes que partir de cómo busca tu cliente ideal esa pregunta y enfocar el artículo a su realidad.

Con la intención bien definida, miras qué dice la competencia. Los tres primeros resultados orgánicos suelen mostrar bien cómo está el panorama. De cada uno anotas el enfoque, el público al que se dirige y qué se queda corto desde el punto de vista del perfil que tú vas a atender. Esos huecos son tu ángulo diferenciador.

Lo que cierra esta parte es descubrir qué falta resolver, o se resuelve mal, en lo que ya está publicado, para alguien con el perfil exacto de tu cliente ideal. Cuando tienes una respuesta cerrada, el artículo ya tiene sentido propio. Cuando la respuesta es vaga, lo que sale es una versión más de lo que ya hay.

La inteligencia artificial puede aportar bastante en este primer paso. Le pides un análisis comparativo de los tres primeros resultados, una lista de keywords secundarias relacionadas o una propuesta de huecos a partir de lo que falta en la competencia.

La parte que no delegas en la IA es el enfoque estratégico. Es decir, quién es tu cliente ideal y qué necesita son cosas que tú tienes que tener definidas previamente. La IA agrupa información rápido, pero las decisiones sobre tu negocio las tomas tú.

Paso 2: Crea un esquema antes de redactar

El esquema recoge las secciones del artículo y las ideas clave que vas a desarrollar en cada parte. Una apertura con el problema, varios bloques de desarrollo y un cierre con el siguiente paso, junto con qué vas a decir dentro de cada bloque. Cuando empiezas a redactar con el esquema cerrado, no estás decidiendo qué contar mientras escribes. Eso reduce el bloqueo.

Un esquema sostenible no suele necesitar más de cinco o seis bloques, aunque puedes añadir los que quieras. Si tu artículo desmonta una idea, presenta un método y termina con cuándo aplicarlo, eso ya es el esquema.

Cada bloque responde una pregunta específica. Si una sección no responde nada, sobra. Para comprobarlo, lee los encabezados seguidos. Cuando forman una conversación con sentido sobre la pregunta del artículo, está listo.

La IA también funciona bien en este paso. Le pasas la investigación previa y el ángulo diferenciador y le pides una propuesta de esquema con encabezados e ideas clave por sección. Lo que devuelve es un punto de partida que tú reordenas, recortas y completas. Algunas propuestas te gustarán, aunque otras no. La decisión sobre la estructura final es tuya.

Paso 3: Redacta un borrador preliminar

El borrador preliminar es la primera versión escrita sin pararte a juzgar. Van a aparecer frases torpes, repeticiones y transiciones flojas. Eso da igual. Se arregla en la revisión que harás en el cuarto paso.

Lo que bloquea a mucha gente al sentarse a redactar es intentar escribir y editar a la vez. Empiezas una frase, no te convence, la borras, la reescribes con otras palabras, tampoco te gusta y vuelves a empezar. Acabas dándole vueltas al mismo párrafo durante demasiado tiempo y, cuando levantas la vista, llevas un rato larguísimo y poco texto avanzado. Separar las dos tareas, primero redactar de un tirón y después editar con otra mirada, te ayuda a evietar ese bucle.

El borrador preliminar tiene la función de sacar las ideas de tu cabeza, no tener un artículo final bien escrito. Si lo abordas como una primera versión y no como el texto definitivo, vas más rápido y la versión final acaba siendo mejor, porque tienes margen para revisar con calma en la siguiente fase.

Para que el borrador no se convierta en otro documento eterno, te ayudan estas tres reglas:

  • Ponte un límite de tiempo para terminarlo, una hora o dos.
  • Escribe por bloques siguiendo el esquema, sin saltar de uno a otro.
  • Deja marcadores donde te falte algo, como un dato o un ejemplo, y sigue adelante.

La IA admite dos formas de uso en este paso:

  • La conservadora consiste en escribir tú y pedirle alternativas cuando una idea se te resiste, ejemplos para un argumento o una formulación distinta de un párrafo torpe.
  • La más ambiciosa consiste en pedirle un primer borrador a partir del esquema, sabiendo que vas a reescribir bastante porque el resultado suena a IA.

Ninguna de las dos te ahorra la revisión.

Paso 4: Haz una revisión por capas antes de publicar

La revisión por capas consiste en repasar el borrador en varias pasadas, cada una con un objetivo distinto. En esa secuencia revisas función, claridad, voz y SEO básico. Cada vuelta busca una cosa diferente. Eso reduce el tiempo total de edición y mejora el resultado.

  • En la primera pasada miras la función. Lees el artículo entero y compruebas si responde lo que prometía el título. Si la respuesta llega tarde o no llega, mueves o cortas párrafos, o incluso añades o eliminas alguna sección si fuera necesario.
  • En la segunda compruebas la claridad de cada bloque, con encabezados específicos, párrafos cortos e ideas en orden.
  • La tercera pasada adaptas la voz y el estilo. Sustituyes frases genéricas, añades ejemplos donde haga falta, le añades tus giros y muletillas… y dejas fuera el tono de plantilla (y el tufillo a IA que dejan los borradores hechos con estas herramientas).
  • La cuarta consiste en hacer una revisión de SEO básico, sin meterte en optimizaciones complicadas. Comprueba que la keyword principal aparece en el título del artículo, en la URL, en algún título de sección y en la metadescripción. Mira también que las keywords secundarias que identificaste en el primer paso aparezcan repartidas en el texto de forma natural, sin forzar. Y si tiene sentido, añade algún enlace interno a otros artículos tuyos o algún enlace externo a una fuente fiable.

La IA en revisión funciona como segundo par de ojos. Le pasas el borrador y le pides que detecte zonas confusas o partes que suenan a relleno. La reescritura final mejor hazla tú.

Lo que cambia cuando escribes con tu negocio en mente

 Cuando entiendes que el artículo cumple una función dentro de tu sistema de contenidos, redactarlo es un trabajo orientado a un resultado.  Sabes para qué lo escribes, qué quieres que cambie en quien lo lee y cómo encaja con el resto de lo que publicas. Esa claridad cambia la forma en que te enfrentas al documento en blanco.

Y precisamente ese encaje con el resto es lo que convierte un artículo de blog en contenido madre, una pieza profunda que después puede alimentar ediciones de newsletter, publicaciones en redes y otros medios y conversaciones de venta.

Y al margen de eso, escribir un artículo te obliga a ordenar tus ideas sobre un tema que dominas pero que pocas veces te paras a explicar a fondo. Lo que sale del proceso no es solo el texto publicado, sino también una versión más afilada de tu propio pensamiento.

A partir de ahí, es más fácil encajar la creación de artículos en tu agenda como  cualquier otra parte de tu trabajo.

¿Quieres dejar de escribir cada artículo desde cero y tener un proceso claro para publicar cuando vendes servicios? Cada mes que pasa sin método es un mes en el que tus artículos pesan más que aportan, tu blog acumula borradores a medias y las ideas se quedan sin salir. Reserva una sesión de valoración gratuita de 30 minutos y vemos en qué punto estás, qué necesitas y cuáles son los siguientes pasos que tienen sentido para ti.

Escrito por Eva María Rodríguez

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